Nuevos tratamientos para el acné y la rosácea

El acné y la rosácea son dos enfermedades cutáneas aparentemente distintas, pero tienen una cosa en común: ambas son crónicas y muy habituales. Sin embargo, los dermatólogos aseguran que con un buen diagnóstico, tratamiento adecuado y un buen cuidado de la piel que evite el uso de sustancias irritantes y la proteja del sol, tanto el acné como la rosácea pueden ser controlados satisfactoriamente.

Aunque el acné es una afección asociada a la adolescencia, en realidad puede aparecer a cualquier edad. Puede afectar a adultos de entre 20 y 50 años, incluidas personas que nunca tuvieron acné en la adolescencia, y con especial prevalencia en las mujeres. Las causas del acné incluyen un exceso de producción de sebo, inflamación de la piel, folículos pilosos que se caen demasiado pronto o un incremento de la bacteria causante del acné, la Propionbacterium acnes. Sin embargo, las hormonas influyen en el proceso de producción de sebo y en la caída del vello y las células de la piel, contribuyendo a la formación de lesiones acneicas.

En el pasado se solía tratar el acné solamente con antibióticos. Aunque estos tratamientos pueden ser muy exitosos, existe siempre la preocupación de que el uso a largo plazo de antibióticos pueda hacer que la bacteria se haga resistente a estas medicaciones. Como resultado, se evolucionó en el desarrollo de otras terapias efectivas y en su combinación.

Por ejemplo, se están explorando terapias antiinflamatorias que pueden atenuar la severidad del acné. La liberación controlada de dosis bajas de doxicilina es uno de los nuevos tratamientos orales que algunos dermatólogos están usando para reducir el enrojecimiento y la inflamación provocada por el acné. La combinación de terapias antiinflamatorias y antibióticas puede reducir el riesgo de resistencia, y a la vez son más convenientes para los pacientes, lo que ha provocado que estas combinaciones se usen cada vez más.

Otras terapias apuestan por el láser y las tecnologías basadas en la luz como tratamientos complementarios a las terapias tradicionales. El objetivo de estos tratamientos son las glándulas sebáceas, aunque de momento no se recomiendan como terapias de primera línea.

Otro de los problemas más frecuente del acné son las cicatrices, que pueden ser agresivas y difíciles de tratar. Para cicatrices de grado medio se están usando retinoides, peelings químicos, microdermoabrasión y láser, en combinación con rellenos para las áreas hundidas. Todo esto puede mejorar, hasta cierto punto, la apariencia de las cicatrices.

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