Tratamientos para el acné y efectos secundarios

Cuando hablamos de acné dos ideas vienen a nuestra mente – tratarlo y controlarlo. Es fácil pensar eso, pero muy difícil hacerlo. ¿Cuál es el tratamiento antiacné que más nos conviene? Con la enorme variedad de productos que hay en el mercado, escoger uno u otro es como buscar una aguja en un pajar. Sabemos que está ahí pero, ¿cómo dar con el mismo?

Muchos productos afirman curar casi de forma mágica el acné, pero la mayoría son de resultados bastante dudosos. Algunos de estos tratamientos sin receta pueden, de hecho, empeorar el acné en lugar de curarlo.

En primer lugar, una dieta equilibrada y saludable puede ser un buen modo de empezar a recuperar la salud de la piel. Sin embargo, hay ciertas variedades de acné que requieren tratamiento. Es importante saber el tipo de piel que tenemos y la causa de nuestro acné. Aún más importante es conocer la composición del tratamiento que vamos a usar. Muchos tratamientos para el acné tienen efectos secundarios, como las reacciones alérgicas a los químicos que han sido utilizados en su elaboración. Hay personas que ni siquiera han sido informadas sobre esto y solo se dan cuenta de lo que les está ocurriendo cuando un médico se lo explica. Por desgracia, en algunas desafortunadas ocasiones, personas que buscaban un tratamiento contra el acné acaban teniendo que tratar las complicaciones que ciertos productos les han causado.

Otros efectos secundarios que pueden darse son enrojecimiento, descamación y/o inflamación de la piel. Buena parte de los tratamientos antiacné resecan la piel, y un exceso de resecamiento puede causar la descamación. Por otra parte, el enrojecimiento y la inflamación en algunas ocasiones se deben a ligeras reacciones alérgicas a estos productos.

Por todo esto es importante que nos informemos bien sobre la composición y los posibles efectos secundarios que podemos experimentar antes de elegir un tratamiento determinado, tanto si nos lo prescribe un médico como si lo compramos sin receta. No hay por qué asumir riesgos innecesarios solo porque un vendedor nos ha dicho enfáticamente que no hay ningún efecto secundario asociado. Una decisión precipitada puede ir en detrimento tanto de nuestra salud como de nuestra cartera. La salud es un bien muy preciado y debemos de cuidarlo.

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